Tlaloques

Tlaloques. Los que atraen nubes y lluvia.

Muchas personas nos preguntan ¿ Qué son los tlaloques ? Estos ayudantes eran almas de niños menores de 8 años que hacían ofrendas en el Tlalocan , hogar de Tláloc. Los Tlaloques, esos seres místicos que poseen el poder de atraer nubes y lluvia, han sido venerados desde hace mucho tiempo en la antigua mitología de los aztecas.

Su existencia estaba íntimamente ligada a las imponentes montañas que rodeaban la Cuenca de México, donde se creía que ellos creaban las fuerzas vitalizadoras de la lluvia y las nubes. Pero el papel de los Tlaloques iba más allá de la mera manipulación del clima.La mitología mexica nos enseña que también estaban ligados al sagrado maíz, simbolizando las cuatro direcciones cardinales y la fertilidad de la tierra.

Vamos a adentrarnos en el fascinante mundo de los Tlaloques, explorando sus orígenes, su conexión con el dios Tláloc, sus roles y atributos multifacéticos, y su importancia vital en la agricultura azteca. Únete a nosotros mientras descubrimos los secretos de estas entidades místicas y descubrimos la profunda influencia que tuvieron en el mundo natural y en la prosperidad de la civilización azteca.

Origen de los Tlaloques

Tlaloques

El origen de los Tlaloques (en náhuatl tlalohkeh) está oculto en la antigua mitología y creencias religiosas de la civilización azteca. Se dice que nacieron de las lágrimas de Tláloc, el dios de la lluvia, cuando lloraba por su esposa, Xochiquetzal. Los Tlaloques, dotados con la capacidad de atraer nubes y lluvia, se convirtieron en los mensajeros celestiales encargados de la misión de proveer la lluvia vitalizadora a la tierra. Su vínculo con las montañas y su responsabilidad como guardianes de la lluvia aumentaron aún más su importancia en la cultura azteca.

Los Tlaloques no solo estaban relacionados con el sagrado acto de hacer llover, sino que también tenían un papel importante en la propagación del maíz, el cultivo básico de los aztecas. Esta asociación con el maíz se remonta a la idea de que los Tlaloques eran responsables de esparcir los cuatro colores diferentes de maíz en las cuatro direcciones cardinales del universo. Este sagrado acto aseguraba la fertilidad de la tierra y la abundancia de cultivos, mostrando la estrecha conexión de los Tlaloques con el éxito agrícola. Su papel como portadores de lluvia y maíz refleja la compleja interacción entre la naturaleza y el sustento humano en la sociedad azteca.

Como los Tlaloques estaban íntimamente relacionados con Tláloc, el dios de la lluvia, su origen está esencialmente ligado a su naturaleza multifacética. Tláloc no era solo una deidad relacionada con la lluvia, sino también con el agua, la fertilidad de la tierra y numerosos fenómenos atmosféricos que afectaban el crecimiento de los cultivos. Los Tlaloques, como sus ayudantes devotos, actuaban como intermediarios entre el reino terrenal y el divino, facilitando el flujo de los elementos vitalizadores para mantener la civilización azteca. Su origen, por lo tanto, reside en su propósito divino de garantizar la prosperidad y el bienestar de la tierra y su pueblo.

En la mitología azteca, los Tlaloques son honrados como seres complejos y enigmáticos. Su origen, intrincadamente entrelazado con los elementos naturales y el reino divino, añade a su mística. Aunque su origen exacto puede seguir oculto en el mito y la leyenda, su importancia en la cultura azteca como portadores de lluvia y guardianes de la abundancia agrícola no puede ser subestimada.

La historia de origen de los Tlaloques sirve como un recordatorio del profundo respeto que los aztecas tenían por el mundo natural y su comprensión de las intrincadas relaciones entre los elementos que sustentaban su sociedad. Hay que recordar que los tlaloques eran deidades, como aparece recogido en el Código de Chimalpopoca que ayudaban a Quetzalcóatl a robar el maíz para los hombres.

Asociación con Tláloc

Los Tlaloques y Tláloc tenían una fuerte relación, trabajando juntos para traer la nutrición necesaria para el crecimiento exitoso de los cultivos. Estos seres traviesos eran responsables de distribuir la hidratación en la Tierra, proporcionando a la Cuenca de México nubes y precipitaciones.

Esta poderosa conexión les permitía generar una sinergia que impactaba en la fertilidad de la tierra, contribuyendo al éxito agrícola de la sociedad azteca. Para mantenerse informados sobre sus actividades, los Tlaloques utilizaban un sistema de correo electrónico. Esto les permitía comunicarse de manera efectiva con Tláloc, intercambiando mensajes y actualizaciones sobre su progreso. A través de este método, podían mantenerse informados y coordinar sus esfuerzos para llevar agua a la tierra.

Dios tláloc

Roles y atributos de los Tlaloques

Los roles y atributos multifacéticos de los seres celestiales conocidos como Tlaloques eran de gran importancia en la mitología azteca. Como intermediarios entre los dioses y los humanos, tenían el poder de controlar la atmósfera y convocar nubes y humedad hacia las tierras, lo cual era esencial para el éxito de los cultivos y la prosperidad del pueblo azteca.

Los Tlaloques eran cuatro, Opocheli, Nappatecuhtli, Yauhqueme y Tomiaucuhtli. Según la mitología mexica vivían en en las montañas del valle de México. En las épocas en las que había sequía, los aztecas pensaban que los tlaloques se habían ofendido y ese era el motivo de la falta de lluvia, y en consecuencia, de la sequía. Se decía que tenían vasijas enormes que al romperlas, según cual fuera, caían lluvias, granizo, truenos o sequía. Sostenían los jarros desde los cuatro rumbos del universos y sus cuatro colores están vinculados a ellos y al maíz, blanco (iztactlaolli),amarillo (cuztictlatolli), colorado (xiuhtotlaolli) y negro (yaufttlaolli)

También estaban estrechamente ligados al maíz, el cultivo sagrado y básico de la cultura azteca, simbolizando su papel en la propagación de este sustento vital en las cuatro direcciones cardinales del cosmos. Así podemos verlo en el códice Chimalpopoca, donde ayudan a Quetzalcóatl a robarlo para la humanidad.

Además, su capacidad para entregar lluvia a la tierra en recipientes los establecía como guardianes y proveedores de abundancia agrícola. Como almas de los niños ofrecidos en el santuario de Tláloc, los Tlaloques encarnaban la fuerza vital del agua y la lluvia que mantenía el ciclo agrícola. Los árboles atraen a los Tlaloques, por lo que es importante cuidarlos y ser conscientes de su importancia.

Tlalocan y las almas de los niños

El Tlalocan y las almas de los niños compartían un vínculo íntimo en la mitología azteca. Se pensaba que los Tlaloques, los ayudantes del diluvio de Tláloc, eran las almas de los niños menores de 8 años entregados en el Tlalocan, el sagrado refugio de Tláloc. Este lugar sagrado se consideraba un portal entre el reino físico y el divino, donde las almas de los niños se quedarían y ayudarían a Tláloc en su misión imperativa de proporcionar lluvias torrenciales a la tierra.

Los Tlaloques, como encarnaciones de estas almas jóvenes, tenían un papel fundamental en el ciclo agrícola, protegiendo la fertilidad de la tierra y el exitoso cultivo de los alimentos. Su existencia en el Tlalocan se veía como una fuerza convincente, una bomba biótica, que aseguraría la abundancia y prosperidad del pueblo azteca.

No solo Tlalocan y las almas de los niños estaban relacionados con el dominio espiritual, sino también con el mundo natural. Se creía que los Tlaloques estaban asociados a las montañas que almacenaban la riqueza de la tierra y del maíz. Estas montañas eran consideradas lugares sagrados, donde se cruzaba el poder de Tláloc y las almas de los niños. La relación entre Tlalocan y las montañas simbolizaba el ciclo de la vida y la muerte, así como la renovación continua de la naturaleza. Los Tlaloques, con su papel en repartir agua en la Tierra, eran vistos como agentes de esta regeneración, proporcionando líquido vital a los campos y garantizando la supervivencia de la comunidad. Por lo tanto, Tlalocan y las almas de los niños tenían un lugar significativo en la cultura azteca, encarnando la interdependencia entre los seres humanos, la naturaleza y lo divino.

Asociación con las montañas

Los seres divinos de la Cuenca de México y su conexión con las majestuosas montañas que rodean la zona eran de gran importancia en el sistema de creencias azteca. No solo estaban relacionados con las nubes y las precipitaciones, sino también con las montañas mismas. Se creía que estas formaciones naturales guardaban la abundancia de la tierra y el maíz, que eran esenciales para la supervivencia de la civilización azteca.

En su papel de ayudantes y mensajeros de un poder superior, ayudaban en suministrar la humedad vitalizadora de las montañas a los campos, garantizando la fertilidad de la tierra. Su vinculación con las montañas muestra la estrecha relación entre los elementos naturales y el éxito agrícola en la cultura azteca.

Mazorca de maíz

Su importancia en la asociación con las montañas iba más allá de su participación en la distribución de la humedad. Se creía que estaban íntimamente ligados a las montañas, actuando como custodios y protectores de las abundantes reservas de la tierra. Las montañas se consideraban lugares sagrados donde residían las divinidades, y se creía que eran los intermediarios entre el reino mortal y el divino.

De esta manera, no solo ayudaban a mantener el delicado equilibrio de la naturaleza, sino que también facilitaban la comunicación entre los mortales y los dioses. Las montañas, con su imponente presencia y riquezas ocultas, se percibían como la representación física de la autoridad y bondad de los dioses.

La importancia de la conexión de los seres divinos con las montañas se puede observar en la reverencia y respeto con los que el pueblo azteca trataba estas formaciones naturales imponentes. Las montañas se consideraban lugares sagrados, lugares donde la existencia de los dioses era tangible. Los aztecas comprendían que las montañas eran clave para su supervivencia, ya que proporcionaban no solo agua, sino también los recursos necesarios para la agricultura.

Los seres divinos, como entidades espirituales asociadas con las montañas, se veían como guardianes de esta abundancia, asegurando que la tierra continuara prosperando. Los aztecas apreciaban el papel indispensable de las montañas en su sociedad y buscaban mantener una relación pacífica con estas imponentes formaciones naturales.

Importancia en la agricultura azteca

La contribución de los Tlaloques al cultivo de cultivos en la sociedad azteca fue inmensa. Estas entidades divinas actuaban como intermediarios entre el cielo y los agricultores, garantizando que los campos adquirieran los niveles adecuados de humedad para una cosecha exitosa. Como ayudantes de Tláloc, dios de la fertilidad y la humedad, los Tlaloques eran responsables de distribuir el líquido vital del cielo en recipientes. Por lo tanto, tenían un vínculo especial con la abundancia de la tierra y con el maíz.

Las montañas, como los núcleos de condensación, atraían nubes y lluvia a la región, y los Tlaloques, como los gobernantes de la precipitación, gestionaban este proceso. En consecuencia, estaban íntimamente relacionados con la sostenibilidad de la agricultura, garantizando su prosperidad. Los aztecas apreciaban plenamente la importancia de estos seres sobrenaturales y los honraban a través de ofrendas y rituales para asegurar su favor.

Los Tlaloques no solo eran venerados por su papel en llevar la humedad necesaria al suelo; también eran considerados guardianes del ciclo agrícola. Esto los hacía invaluables para los aztecas, ya que entendían que la fortuna de sus cosechas dependía de estos intermediarios divinos. Por lo tanto, no se puede exagerar la importancia de los Tlaloques en la agricultura azteca.

Mexiazteca
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